Vamos al parque

Hoy he llevado a mi hijo de un año al parque y creo que él era una de las personas más maduras que había en el lugar.

Hemos llegado sobre las 12h de la mañana, estaban allí dos madres, un abuelo y una abuela. Hablaban de panaderías de la zona y yo me he dicho <¡Qué bien! vamos a hacer amigos hoy> así que les he empezado a sonreír y acercarme. Todo iba bien cuando, de sopetón, ha llegado una de las madres con un niño agarrado en cada mano. Para no liarnos, les pondré motes. Esta era “la chillona”, la otra madre será “la despistada”. Total, que llega la madre chillona con el hijo de la despistada en una mano y con su propia hija en la otra. Como una furia, lanza al niño contra su madre y empieza a chillarle cosas como “¡qué se a creído este niño!”, “¡Ha tirado a mi hija al suelo de un manotazo y mi hija sólo tiene un año!” y otra vez al niño: “¡Tú qué te has creído!” y siguió chillando al niño de 2 años hasta que la despistada se despierta y se da cuenta de la situación. La despistada empieza a intentar defender a su hijo diciéndole a la chillona que no puede agredir a su hijo así, que lo que ha hecho está mal pero que lo que está haciendo ella también…

A todo esto se mete el abuelo sevillano, que comienza a proteger a la despistada desaprobando la conducta de la chillona y diciéndole “¡no me hables, habla con ella!” y añadiendo “pero lo que has hecho está mal”. Las dos madres siguen discutiendo cuando el abuelo sevillano se dirije a mi: “el problema de las madres de hoy en día es que sois demasiado apegadas” y sin que yo salga de mi asombro me suelta “porque seguro que no te parece bien que se peguen a los hijos”, yo le doy un no rotundo con una sonrisa de complicidad porque entiendo que a los abuelos de hoy en día les choque el concepto “respeto hacia los hijos”; y él, amparado por mi sonrisa, sigue: “pues una hostia bien dá a tiempo, hace milagros. No digo en la cabeza, ni en la cara… pero ¿en el culo? ¡anda que no va bien!”.

Entonces, se va la madre despistada con su hijo llorando en brazos y, acto seguido, también se va el abuelo. La madre quillona sigue allí, pero bastante más calmada. Yo intento que mi hijo no se acerce un pelo a la suya, pero ella ¡venga a arrimarlos! Cuando decido que nos vamos, me doy cuenta que la abuela que quedaba en el banco (y que, por cierto, era la madre de la chillona) estaba la mar de tranquila con toda la prensa que yo había comprado en sus rodillas, leyendo la revista El Jueves que me había comprado, doblando mis páginas…  y yo pensé “¿A qué madre me quejo yo de esta abuela maleducada?”

En definitiva, he aprendido mucho hoy: el parque infantil no es un sitio en el que no hay que despistarse ni un momento.

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2 Respuestas a “Vamos al parque

  1. Selva Mª Orejón Lozano

    Pues ¡es una pensa que este tipo de personas no se puedan ver desde fuera como tú les has visto! ¡Q bochorno! Menos mal q en tu caso lo podrás olvidar! Lo q JODE es q esos pobres niños se queden cerca de ellos… Uff que mal rollo me da…

  2. ¡¡¡Qué cuadroooo!! Y qué verguenza de gente… hay gente que debeía mirarse al espejo en según qué situaciones…

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