TALLER CURSO: ASERTIVIDAD Y AUTOESTIMA EN BARCELONA

TALLER CURSO: ASERTIVIDAD Y AUTOESTIMA EN BARCELONA

El taller lo imparte la magnífica psicóloga Elena Gómez Enguix y consta de de 8 sesiones presenciales sobre asertividad y autoestima,  tendrá lugar en Barcelona (Plaza Francesc Macià) los lunes de 19.30h a 21.30h, y que iniciará el lunes 26 de enero.

El objetivo del taller es acompañar a las personas que participen en un proceso de crecimiento personal que les permita delimitar mejor su límites interpersonales a fin de obtener un mayor y mejor bienestar relacional, abandonar las dependencias emocionales, afrontar los conflictos de forma asertiva y aumentar la autoestima.

El coste del taller es de 150 euros, y constará de un total de 16 horas de trabajo grupal.

 

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Talla 0 o preocuparse cero de la talla

Vivimos rodeadas de mensajes de perfeccionismo moderno. Nos llegan a diario en forma de “salud y cuidado personal” pero acaban convirtiéndose en un cúmulo de “deberes” que jamás tenemos tiempo de cumplir:  se activa pero relájate, bebe 2 litros de agua, ten amigos, lee, sal, haz el amor, aprende idiomas, conéctate a facebook, no estés tantas horas en el ordenador, sé autocrítica, no te machaques, haz terapia, ten hijos, trabaja mucho pero no muchas horas, infórmate, sé liberal, apúntate al gimnasio y ves al menos tres veces por semana, haz ejercicio, dedica tiempo a tu familia, tu pareja, tus amigos y encuentra siempre momentos para ti, depílate, ponte cremas, viaja, descubre nuevos lugares, nuevas personas, nuevas sensaciones, visita tu ciudad y conoce los mejores sitios de la zona donde resides, píntate y ponte guapa cada día, limpia la casa, plancha, ordena, duerme ocho horas, despiértate temprano, haz pilates. Ríe tanto como puedas y, de vez en cuando, llora, que es muy sano. Y, sobre todo, hazlo TODO sin obsesionarte. ¡Ah! Y no lo hagas por los demás, noo, hazlo por ti misma, por tu bienestar! Ya verás que si haces todo esto, lograrás ser feliz.

Esta imagen de mujer todopoderosa que debe hacerlo todo y estar divina está tan arraigada en nuestra sociedad que es casi imposible luchar contra ella o ignorarla. Siempre hay alguien para decirte lo guapa que estás porque te ven más delgadita o todo lo contrario. Y nosotras mismas perpetuamos esta situación haciendo comentarios así.

Existen unos cánones de belleza  y de feminidad que pueden llegar a atraparnos en una realidad que no es la nuestra. Hacer las cosas “bien” te aporta un reconocimiento social muy importante, que pierdes irremediablemente cuando haces las cosas “mal”.

Por eso me ha encantado la iniciativa de unas profesoras de universidad que han creado una página en facebook llamada “motivos para dar la talla” y que proponen adaptar las tallas de ropa de las pasarelas a unas tallas más realistas, que se adapten más a la talla media de la sociedad. Supongo que esto se quedará aquí, como una simple iniciativa bonita de concienciación, pero a mí me conmueven los pequeños granos de arena. Las mujeres no nos deberíamos medir en un canon de belleza, sino valorarnos por lo que somos y lo que luchamos por ser día a día. No sé donde hay que buscar la felicidad, lo que seguro sé es que no está en una talla.

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Lactancia versus anorexia

Quiero compartir con vosotros la experiencia de una madre que me ha emocionado especialmente.
Ella ha compartido su historia en el ya citado blog Som la Llet, os traduzco algunos párrafos. Disculpad de antemano por la calidad de la traducción:

Amor puro en vena

“Soy Maria, tengo 36 años y he sufrido un trastorno alimentario durante 15 años, llevo 5 años de terapia y he de reconocer que hay un antes y un después des del nacimiento de mi hijo y puedo afirmar categóricamente que mi LACTANCIA juntamente con mi hijo me han curado…

El embarazo fue una gran sorpresa ya que fruto de mi enfermedad las reglas eran escasas y muy irregulares, sabía que no sería fácil quedar embarazada y no entraba dentro de nuestros planes, per de golpe apareció aquél positivo que me hizo tomar conciencia de la importancia de la alimentación. Fue un embarazo que me dejó al abismo, o comía o lo perdía ya que pesaba 52kg y mido 1,79cm. La comadrona que me vio en el primer control me lo dijo muy claro.

El embarazo fue fantástico, sin dolor y con un montón de sensaciones y experiencias que nunca creí que viviera con tanta intensidad. Lo más difícil era la alimentación pero no me rendí y todo salió bien, además mi cuerpo para compensar cogió 25 kg de reservas por si acaso volvía a haber restricciones de comida. Seguí una dieta de embarazadas para no engordarme pero que incluía mucho más de lo que yo hasta entonces conseguía comer, tuve que hacer verdaderos esfuerzos porque me parecía una barbaridad ingerir mil calorías; maldito trastorno, pero lo hice.

El nacimiento de Antonio en un parto normal (completamente intervenido) del que en esos días no tenía queja (ahora sí) vi el milagro de la vida en mis brazos y comenzar a amamantarlo fue una prolongación de este mismo milagro.

Antonio pesó 2.420 gramos y estaba perfecto pero aun y así no pude evitar la tentación de darle bibes de ayuda. Pero como que no podría soltarlo de mis brazos, la lactancia materna se instauró completamente y en menos de un mes él rechazaba las ayudas y yo me sentí capaz de “nutrir” en todos los sentidos y así hasta hoy que han pasado tres años y medio y seguimos.

Cuando afirmo que mi lactancia es responsable en mayor medida de mi recuperación lo hago porque la parte emocional con este vínculo con mi hijo me ha devuelto este amor que me había faltado antes, amor intenso y real en cada mirada y en cada gesto. He tenido el placer de comprobar cómo nos nutrió a los dos al mismo tiempo y como a cada paso yo ganaba seguridad, serenidad y por fin paz conmigo misma. Cada vez que mi hijo me ha regalado un rato de “lechita” para mí era un rato de amor puro.

[…]

Por descontado que recibo amor, afecto y comprensión de mi marido y de mi madre, pero no es similar a este tipo de vínculo que se establece con la lactancia. No quiero hablar de los beneficios para mi hijo porque ya los conocéis de sobras, sólo quería compartir con vosotros los beneficios reales y tangibles que la lactancia ha tenido en mí. Ya no necesito la aprobación del espejo, la lactancia me ha ayudado a ser útil y querida.


No he traducido todo el post para no extenderme. María explica cómo tuvo un aborto posterior y que la lactancia ayudó mucho en todos los sentidos. Me he emocionado con este testimonio, creo que transmite muy bien el vínculo que se consigue con la lactancia entre una madre y su hijo.

¡Buen día a todos!

Cuando me amé de verdad

Cuando me amé de verdad, comprendí que en cualquier circunstancia, yo estaba en el lugar correcto y en el momento preciso. Y, entonces, pude relajarme. Hoy sé que eso tiene nombre… autoestima.

Cuando me amé de verdad, pude percibir que mi angustia y mi sufrimiento emocional, no son sino señales de que voy contra mis propias verdades. Hoy sé que eso es… autenticidad.

Cuando me amé de verdad, dejé de desear que mi vida fuera diferente, y comencé a ver que todo lo que acontece contribuye a mi crecimiento. Hoy sé que eso se llama… madurez.

Cuando me amé de verdad, comencé a comprender por qué es ofensivo tratar de forzar una situación o a una persona, solo para alcanzar aquello que deseo, aún sabiendo que no es el momento o que la persona (tal vez yo mismo) no está preparada. Hoy sé que el nombre de eso es… respeto.

Cuando me amé de verdad, comencé a librarme de todo lo que no fuese saludable: personas y situaciones, todo y cualquier cosa que me empujara hacia abajo. Al principio, mi razón llamó egoísmo a esa actitud. Hoy sé que se llama… amor hacia uno mismo.

Cuando me amé de verdad, dejé de preocuparme por no tener tiempo libre y desistí de hacer grandes planes, abandoné los mega-proyectos de futuro. Hoy hago lo que encuentro correcto, lo que me gusta, cuando quiero y a mi propio ritmo. Hoy sé, que eso es… simplicidad.

Cuando me amé de verdad, desistí de querer tener siempre la razón y, con eso, erré muchas menos veces. Así descubrí la… humildad.

Cuando me amé de verdad, desistí de quedar reviviendo el pasado y de preocuparme por el futuro. Ahora, me mantengo en el presente, que es donde la vida acontece. Hoy vivo un día a la vez. Y eso se llama… plenitud.

Cuando me amé de verdad, comprendí que mi mente puede atormentarme y decepcionarme. Pero cuando yo la coloco al servicio de mi corazón, es una valiosa aliada. Y esto es… saber vivir!

No debemos tener miedo de cuestionarnos… Hasta los planetas chocan y del caos nacen las estrellas.

Charles Chaplin

http://www.youtube.com/watch?v=sdLoSiofhR0&feature=related

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